Este artículo va dirigido a aquellos padres que se encuentran ante un niño en medio del cambio de etapa de desarrollo (6 años) y no entienden esa nueva actitud y la cantidad de cambios que está sufriendo. Igualmente a aquellos padrés o maestros interesados en esta etapa, ¡claro!

La educación entre los 6 y 12 años no es una continuacióndirecta de la etapa anterior (3-6 años), pero debe ser construida en base a esta.Desde el punto de vista psicológico existe un cambio profundo en la personalidad del niño. La conciencia, que ha tenido ya un considerable desarrollo, ahora se verte hacia el exterior, la inteligencia se extrovierte y el niño muestra una predisposición a indagar la razón de las cosas como nunca lo había hecho.

Los conocimientos se transmiten con mucha más facilidad cuando hay entusiasmo por aprender; es por eso que en esta etapa se siembra la semilla de todo, pues la mente de niño en esta etapa ya no es absorvente si no que es como un suelo fertil en el que hay que sembrar , recogiendo más adelante lo que germinará en forma de cultura. Pero si en este periodo la mente no recibe la atención suficiente o no logra satisfacer sus necesidades, termina por atrofiarse artificialmente, y a partir de entonces se resistirá a cualquier nuevo conocimiento. Si la semilla se siembra demasiado tarde, se perderá el interés.

Si tuviera que contestar que cuántas semillas es conveniente sembrar, respondería “Tanta como sea posible!”.Lo malo es que en esta nueva sociedad hay tantas cosas que ofrecer que se ha vuelto imposible ofrecer su totalidad, por lo que debemos sembrar tantas la semilla de interés como sea posible.

Estas semillas serán recibidas por la mente, pero será más adelante, cuando empiecen a mostrarse.

Otro aspecto de esta edad es la manera en que el niño explora LO MORAL, discriminando entre el bien y el mal. Ya no es receptivo como antes; ahora quiere comprender por sus propios medios y no se contenta con aceptar simples hecho o que le digan algo. A medida que se desarrolla la actividad moral, el niño quiere aplicar su propio juicio, que muy a menudo será muy distinto al de los padres o los maestros. No hay nada más difícil que enseñarle normas morales a un niño de esta edad; se ha vuelto muy rebelde y para cada cosa que le digamos tendrá una respuesta desafiante. Es muy común que los padres se sientan mal porque sus hijos, que antes eran todo amor y afecto, se han vuelto impertinentes, mandones y a veces hasta algo agresivos.

Se ha producido un cambio interno, pero es muy lógico lo que hace la naturaleza cuando despierta en el niño una sed de comprensión y conocimiento de las cosas, le inculca las ansias de independencia mental y el deseo de dintinguir entre el bien y el mal por si solo, con sus propios poderes y rebelarse contra toda limitación impuesta por cualquier autoridad.

Una tercera realidad interesante que se observa en el niño en esta edad es la necesidad que lo impulsa a relacionarse con otros; pero no por sentirse acompañado sino buscando otra forma de actividad organizada. Le gusta sentirse en un grupo, ya que cada uno desempeña un rol específico.

Al igual que en la etapa anterior, en esta existen unos aspectos que debemos seguir:

  • El niño tiene que aprender de su propia actividad. Por mucho que le adviertas, que le cuentes, el niño no lo va a interiorizar hasta que no forme parte de su experiencia, en vez de la tuya.
  • Debe tener libertad intelectual para que pueda elegir lo que necesita, sin cuestionar su elección.
  • La enseñanza se debe limitar a responder a las necesidades intelectuales del niño, nunca forzarlas.
  • Los niños de esta edad también tienen dificultad para permanecer quietos, como en la etapa anterior, ya que necesitan aprender sobre su coordinación.
  • Cuando indagan acerca del qué, cómo y por qué les hace parecer problemáticos, pero con su actividad mental están organizando su inteligencia.